053-curtis-1905-oasis-en-el-yermo“Oasis en el yermo” Fotografía del jefe Red Hawk (Edward Curtis – 1905)


Cuando hoy en día vemos una película de “indios y vaqueros”, sobre todo si pertenece a la época dorada de Hollywood y al momento de máximo esplendor del género “western”, no estaría de más recordar que gran parte de la imagen del nativo norteamericano se lo debemos a un solo hombre, una persona que dedicó prácticamente toda su vida a estudiar y documentar la cultura y forma de vida de las naciones indias. Bueno, quizá no sea justo decir que fue obra de un solo hombre, puesto que estuvo ayudado en muchos niveles por diversas personas, en mayor o menor grado, pero sí es correcto asegurar que él fue el generador, el motor de la idea que le llevó a dedicar 30 años de su vida a la tarea inmensa de catalogar aquellas culturas. Su nombre era Edward Sheriff Curtis.

En realidad, cuando Curtis empezó su enorme proyecto, las naciones indias ya estaban en franco declive. Su primera fotografía de un indio fue tomada cinco años después de la fecha que se establece como final de las “guerras indias”, la matanza de “Wounded knee” en 1890, y el inicio de su proyecto “The North American Indian” se produjo 15 años después de aquel hecho. Así pues, las tribus indias hacía tiempo que estaban más que sometidas, comenzaban a estar asimiladas y la única oportunidad de futuro que se les dejaba era integrarse en las comunidades blancas o desaparecer, sometidas a unas políticas profundamente injustas que incluso les impedían realizar cualquier tipo de rito cultural tradicional. Aún así, Curtis pudo captar el final de un modo de vida, no sin polémica como veremos más adelante y sobre todo a costa de su propia familia.

Curtis nace en 1868, tres años después del final de la guerra de secesión y apenas unos años antes de que todas las tribus indias fueran recluidas en reservas y comenzase su periodo de asimilación. De la infancia de Curtis lo más señalado fue que cultivó un marcado amor por la naturaleza, probablemente a causa de los viajes que realizaba acompañando a su padre, quien ejerció de capellán castrense durante la guerra civil y después de ésta trabajó como predicador itinerante para obtener unos ingresos extra. La familia Curtis nunca nadó en la abundancia a lo largo de la infancia y adolescencia de Edward.

Chief Joseph - Nez Perce                          1903

“Jefe Nez Perce Josheph” (Edward Curtis – 1903)


También es importante el hecho de que ya con 12 años fabricó su propia cámara de madera a partir de unos esquemas que encontró en un libro prestado y una lente de un estereoscopio que su padre trajo de la guerra. Con esa rudimentaria cámara aprendió los fundamentos de la fotografía. A los diecisiete ya trabajaba en un estudio de fotografía y poco después abrió el suyo propio, aunque sin ningún éxito. Como suele decirse, el fracaso le sirvió como aprendizaje, tanto de las técnicas de cuarto oscuro como de lo que es llevar un estudio de fotografía.

Poco después la familia se trasladaría a las cercanías de Seatle, una próspera ciudad que servía de entrada a los territorios de búsqueda de oro. Cuando no habían terminado de instalarse, el padre fallece y Edward pasa a ser el cabeza de familia. La fotografía debe esperar. Pero la fábrica de ladrillos que el padre había montado no funciona muy bien en una zona donde la madera es enormemente abundante y barata. Edward se ve obligado a trabajar sin descanso en granjas, aserraderos, huertos, hasta que finalmente sufre una grave lesión de espalda que le mantendrá convaleciente varios meses. Entonces es cuando retoma la fotografía. Además Edward recibe los cuidados de su madre y hermanos y de una vecina de dieciséis años, Clara Phillips, quien terminará por ser su esposa.

A Walpi Man, 1903

“Un hombre Walpi”  (Edward Curtis – 1903)


Probablemente fuera en esa convalecencia cuando decide intentarlo de nuevo. Tras comprar una cámara de gran formato a un buscador de oro de paso, Curtis vende la fábrica de ladrillos para disgusto de su madre  que veía en la fotografía una dedicación poco lucrativa y abre un estudio en los alrededores de la floreciente Seatle, primero con un socio, al que al poco tiempo le compra su parte del negocio. Enseguida toda la familia trabaja en el estudio, en parte porque los retratos de Edward empiezan a ser apreciados por los adinerados ciudadanos de los alrededores y en parte porque Edward prefiere la libertad de los espacios abiertos a las paredes de su estudio. Pasaba el tiempo merodeando por los alrededores fotografiando los paisajes y las gentes. Es por esa época cuando toma la primera foto de una india, la princesa Angeline, hija del jefe Siahl quienes mendigaban en los alrededores de la ciudad. A partir de entonces empieza a frecuentar a los indios de las cercanías y a fotografiarlos.

No obstante, el principal sujeto de sus imágenes en esa época son las montañas. Curtis era un consumado montañero y frecuenta el monte Rainier, que jugaría un papel importante en su vida. Durante una de las excursiones se produce un hecho que marcará su futuro. Se topa con una expedición científica en apuros, uno de cuyos miembros era uno de los co-fundadores de la National Geographic Society (EN). A raíz de ese encuentro le contratan como fotógrafo oficial de la futura expedición que planeaban a Alaska. Y durante ese viaje, Curtis adquiere importantes conocimientos de antropología y metodología científica que le serán imprescindibles en el futuro. También establece relaciones con George Bird Grinnell, antropólogo y naturalista.

053-curtis-1904-canyon-de-chelly“Cañón de Chelly”  (Edward Curtis – 1904)


Hasta el momento, Edward Curtis es considerado un reputado fotógrafo de retratos, famoso sobre todo por sus imágenes de los indios de los alrededores de Seatle con quienes tiene cierta confianza, y comienza a ser conocido. Hasta ahora ha ganado diversos concursos, su nombre es famoso en el mundillo fotográfico de la costa oeste e incluso a nivel nacional. Además está profundamente involucrado en movimientos conservacionistas, como el que promueve la declaración del monte Rainier en Parque Nacional, hecho que consiguen en 1899.

Un año después de la expedición a Alaska, Grinnell le invita a acompañarle a la reunión de celebración de la danza anual del sol celebrada por las tribus de los Pies Negros, Blood y Piegan. Grinnell llevaba muchos años visitando a los pies negros y tenía cierta confianza y convence a Curtis para que fotografíe la celebración, a pesar de ser una expresión cultural prohibida por el gobierno por ser considerada un “crimen religioso”. Pero una cosa es ser introducido en la tribu y otra muy distinta fotografiar un rito sagrado. Curtis demuestra un gran talento para ganarse la confianza de los indios y finalmente consigue su permiso. Esta es la primera vez que convive con una tribu india que aún mantiene la esencia de su modo de vida. Queda fascinado de inmediato y repentinamente se da cuenta de que lo que está viendo es una cultura en extinción.

Curtis se convierte entonces en el hombre adecuado en el lugar preciso en el momento crítico. Su formación como fotógrafo le permite captar no solo documentos sino también el espíritu de aquellas culturas, impregnando sus fotografías con un toque artístico indudable, influenciado por el pictorialismo muy de moda por la época. Su curiosidad y formación autodidacta durante las expediciones científicas le permiten comprender el modo en que deben ser recabados y organizados los datos. Su amor por la naturaleza le colocaba muy cerca del espíritu de aquellas tribus indias que llevaban siglos viviendo en armonía con el entorno natural. Curtis toma una decisión: pretende fotografiar y documentar las gentes y las culturas de todas las tribus indias del oeste de los EEUU.

053-curtis-1904-nina-mosa-mohave“Niña Mosa Mohave”  (Edward Curtis – 1904)


En realidad la actitud de Edward Curtis hacia los indios no es esencialmente muy distinta de la mentalidad al uso en esa época. Realmente Curtis no trató de preservar la forma de vida tradicional. Sabía que estaba destinada a desaparecer y no creía que debiera ser de otra forma. De hecho por sus notas y escritos sabemos que estaba de acuerdo con las medidas tomadas por el gobierno para asimilar las tribus en la mayoría blanca, pero estaba convencido de que debían documentarse aquellas culturas antes de que fuera demasiado tarde. La tarea que se impone es titánica. No solo por la envergadura de la misma, varias decenas de tribus distintas a las que acercarse, ganarse su confianza y dedicar tiempo y esfuerzo para fotografiarlos y recabar datos, desde Nuevo México hasta Alaska, sino también por lo costoso económicamente: las placas de vidrio que Curtis utiliza eran muy caras y planeaba utilizar miles de ellas, sin contar con los desplazamientos, la edición… Curtis siempre prefirió las placas de vidrio a la emulsión en papel fotográfico, puesto que el nivel de detalle obtenido era muy superior. Por contra, el equipo fotográfico era enormemente más complejo de manejar, pesado de manipular y transportar y delicado.

Por otra parte el coste familiar. Durante los siguientes treinta años Curtis se impondrá un calendario “imposible”: El verano y el inicio del otoño para las expediciones, el invierno para revelar, ordenar y escribir y la primavera para la financiación y la edición. Curtis planea nada menos que veinte volúmenes para completar su libro “The North American indian”, en un trabajo de cinco años. Inicialmente sueña con libros de precios asequibles, pero pronto se dará cuenta de que no será posible realizar ventas muy numerosas y que los libros habrán de venderse más como ediciones de lujo para coleccionistas con altos precios por volumen. La venta de las fotografías estaba claro que no bastarían para financiar tamaña aventura. Necesitaba un mecenas y lo lograría, no sin muchos esfuerzo, a lo grande.

053-curtis-1907-invocacion-sioux“Invocación sioux”  (Edward Curtis – 1907)


Inicialmente se dirige al instituto Smithsoniano, pero éstos desconfían de una persona sin formación científica y escasa experiencia. Tampoco las editoriales están dispuestas a correr el riesgo de una edición tan compleja y cara. Curtis ponía mucho empeño en la calidad de las impresiones, lo que incidía en el precio de las ediciones. Así pues,inicialmente carece de financiación. Eso no le detiene sino que ya en 1901 inicia la primera campaña de verano entre los indios hopi, los navajos y los apaches. El invierno lo pasa encerrado en una cabaña escribiendo los primeros dos volúmenes. Mientras tanto, en lo que sería una tónica general, su familia permanecía en Seatle al cargo del estudio, que si bien era exitoso, no garantizaba unos ingresos suficientemente altos como para cubrir las pérdidas del macro-proyecto del cabeza de familia.

Entonces Walter Russel,  pintor personal del presidente, quien estaba de viaje por Seatle acude al estudio fotográfico de Curtis atraído por la fama de sus retratos de los indios. Quedó profundamente impresionado y a su regreso a Washington recomienda a Roosevelt que le invite a realizar una sesión fotográfica con sus hijos, para poder pintar sus retratos a partir de las fotografías. El presidente accede a conocerle. Durante un largo fin de semana éste convivirá con la familia Roosevelt y ambos tendrán oportunidad de conocerse. Curtis le enseña algunas de sus fotografías y el presidente queda admirado de aquellos retratos de los indios. Roosevelt también era un amante de la naturaleza y un conservacionista convencido. Pese a que su gobierno fue uno de los responsables de la represión sobre las tribus indias (EN), Roosevelt le anima a perseverar en su proyecto y aunque no puede ayudar económicamente a Curtis, promete promover su misión entre la alta sociedad y se compromete a escribir el prólogo del primer volumen. Probablemente fruto de esa relación, Curtis conocerá a su mecenas principal, el poderoso J.P. Morgan.

053-curtis-1908-guerreros-atsina“Guerreros Atsina” (Edward Curtis – 1908)


En 1906 se concierta una cita con uno de los empresarios más importantes de los Estados Unidos y uno de los hombres más ricos del mundo. Se presenta ante él e inicia una exposición acerca de los beneficios económicos que el proyecto podría reportar, aunque inicialmente las cosas no van bien. El magnate despachó sin contemplaciones aquel proyecto presentado como negocio. Entonces,  antes de marcharse, Curtis reacciona y le muestra algunas de las fotografías. Finalmente hubo una conexión entre ambos que se tradujo en una financiación de 15,000 dólares anuales. Aún así, dicha aportación distaba mucho de cubrir los gastos totales de las ediciones. Además cuando se hizo pública la financiación de J.P. Morgan, eso tuvo un efecto disuasorio en otros posibles mecenas que veían que sus nombres quedarían eclipsados por uno de los hombres más ricos del mundo. A pesar de todo, era un importante balón de oxígeno para el proyecto. Como se vería más adelante, la financiación de J.P. Morgan apenas llegaba a cubrir un tercio de los gastos, de modo que durante todo el tiempo Curtis hubo de luchar por encontrar nuevas fuentes de financiación. Exposiciones, presentaciones, venta de imágenes…

053-curtis-1908-shot-in-the-hand_apsaroke“Shot-in-the-Hand Apsaroke”  (Edward Curtis – 1908)


Durante los años que trabajó en los libros, vivió multitud de situaciones, mágicas unas, y terribles otras. Mantuvo relaciones con los indios que duraron años, y en ocasiones tuvo que marcharse a toda prisa ante la posibilidad de ser asesinado por los indios. Durante este tiempo estuvo acompañado por varios ayudantes. Solía viajar con un guía que le introducía en la tribu. En ocasiones viajó con alguno de sus hijos e incluso con su mujer, en el que probablemente fuera el periodo de tiempo más largo que estuvieran juntos. Pero los riesgos y las incomodidades de los viajes hizo que pronto desistiera de viajar con ellos. Fundamental fue la participación de su ayudante durante la mayor parte del tiempo William Edward Myers, quien era capaz de agrupar y dar sentido a la gran cantidad de notas y datos inconexos recabados durante sus campañas. Además era un lingüista excelente, capaz de recordar y pronunciar una palabra que había oído una sola vez con gran desenvoltura, lo que le permitió establecer puentes de comunicación con las distintas tribus.

053-curtis-1908-bears-belly-indio-arikara“Bear’s belly – indio Arikara” (Edward Curtis – 1908)


A pesar de todo, el proyecto era demasiado complejo como para llevarlo a cabo en el tiempo comprometido. Curtis se veía obligado a trabajar en condiciones muy difíciles, viajando por territorios poco accesibles y en ocasiones obtener la colaboración de los indígenas resultaba muy complejo. El primer volumen apareció publicado en 1907 y el último en 1930. En todo ese tiempo hubo de buscar incansablemente financiación, (J.P. Morgan y a su muerte, su hijo tuvieron que incrementar la aportación prometida), se vio en serias dificultadas entre 1914 y 1921 a consecuencia de la crisis causada por la Primera Guerra Mundial y sufrió finalmente la separación de su mujer quien ya no pudo soportar más estar casada con un hombre que no aparecía por casa más que unos pocos días al año. La separación, en 1909, fue traumática, tanto que en una disputa por la posesión de las placas de vidrio del proyecto, Curtis terminó por destruirlas con tal de que no cayeran en manos de su esposa. También tuvo que luchar contra el “stablishment” científico que le consideraba un aficionado, si bien dichas acusaciones siempre terminaron por diluirse ante el trabajo realizado por Curtis y sus ayudantes.

Tampoco ayudó el hecho de que Curtis criticase el papel jugado por el general Custer en la batalla de Little Big Horn, contradiciendo la historia oficial en la que el general aparecía como un héroe, cosa que hizo tras entrevistarse con los indios crow que sirvieron de guías al general Custer y los ex-combatientes sioux. Eso hizo que se levantara una sonora polémica que incluso provocó una dura reacción del presidente Roosevelt, lo que evidentemente, no atrajo a muchos inversores.

053-curtis-1910-arquero-cazador-nuu-chah-nulth“Arquero cazador Nuu-chah-nulth” (Edward Curtis – 1910)


Sin duda, Edward Curtis fue un fotógrafo excepcional y un personaje complejo. Muchas de sus imágenes fueron duramente criticadas ya en su época por pagar a los indios para que posaran, en ocasiones en situaciones o actitudes falsas. Dichas críticas se producen aún hoy en día. Probablemente se sintiera presionado por la constatación de que aquel mundo estaba desapareciendo inexorablemente. Él sabía que el tiempo corría en su contra, lo que probablemente le indujo a presionar e incluso engañar en ciertos momentos a los indios para que le permitieran fotografiar celebraciones y escenas sagradas. La más dura acusación fue la de sobornar a los indios para que le dieran acceso a objetos sagrados, e incluso de estar involucrado en el tráfico de objetos manufacturados que luego vendía a su clientela. Sin querer disculpar estas actitudes, todas ellas se explican al comprender la premura con la que trabajaba, sintiendo que cada oportunidad podía ser la última de documentar casa aspecto de las culturas estudiadas y en la necesidad de financiar sus trabajos.

A lo largo de su carrera Curtis tomaría 40.000 fotografías, realizó conferencias, organizó exposiciones, dirigió un largometraje sobre los indios Kwakiutl e incluso llegó a trabajar con Cecil B DeMille creando la publicidad para su película de 1923 “La costilla de Adán”. Cuando por fin todos los libros estuvieron publicados, Curtis no recibió la atención de los medios ni el público que probablemente merecía, más preocupados con los primeros espasmos de la crisis del 29. Durante los años veinte, las dificultades económicas del proyecto llegaron a ser tan acuciantes que Curtis terminó por vender los derechos de los libros a Jack Morgan, hijo del financiero. Finalmente en 1930 sufre un colapso físico y mental que le lleva a ingresar en un hospital. Curiosamente, sus hijos nunca perdieron el fuerte lazo familiar y acuden a su lado para cuidarle.

053-curtis-1923-dia-brumoso-en-sugar-bowl“Día brumoso en Sugar Bowl”  (Edward Curtis – 1923)


No llegará a recuperarse nunca, y se enfrasca en diversos proyectos para buscar oro, proyectos ya claramente irrealizables por sus problemas de salud. Finalmente muere en 1932 de un ataque cardíaco, dejando un legado increíble.

Sus imágenes de los nativos americanos están repletas de belleza, algunas muy al estilo del gusto de la época, que ahora nos pueden parecer falsas, pero sus retratos de los indios son grandiosas, reflejando la dignidad y el orgullo que aquellas gentes tuvieron y no llegaron a perder nunca. Sus miradas son a veces melancólicas, tristes, pero siempre guardan una chispa de furia y orgullo. Son profundamente humanas.

Tras su muerte, permaneció en el olvido durante muchos años, ignorado por público y especialistas. En la década de los setenta fue re-descubierto, al tiempo que en América despertaba la curiosidad por su pasado nativo y finalmente, sus estudios se convirtieron en la base del conocimiento de los pueblos indígenas. Pero más allá de los datos y descripciones recabados por Curtis y sus colaboradores, fue la fuerza evocativa de sus imágenes la que conectó con el público que comprendió todo aquello que habían perdido en su carrera hacia el oeste.

Hoy aquel mundo ha desaparecido; poco o nada queda de todas aquellas tribus y sus formas de vida originales. Pero al menos tenemos esas imágenes, escenas de un pasado lejano que nos acercan a aquella cultura. Al menos en eso Edward Curtis tuvo éxito.

053-the-north-american-indian“The North American Indian”

Más información:

The North American indian: Edición digital de los libros. No tiene un diseño muy cuidado pero se puede consultar la obra al completo.

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