Dioscuros

Los dioscuros

EXIF: Cámara: Nikon D80 · 65mm · f6.3 · 1/160” · 125 ISO · sin Flash ni trípode.


La plaza del Capitolio o Piazza del Campidoglio en Roma se encuentra en la cima de la colina Capitolina, una de las siete colinas de Roma sobre las que se asentaba la ciudad en tiempos del imperio. Pese a que la plaza está dominada por la estatua de Marco Aurelio y rodeada por los Museos Capitolinos, siempre termino volviendo mis ojos hacia esas dos estatuas situadas en sendos lados de la “cordonata”, las escaleras de acceso desde la via del Teatro Marcelo. Son unas escaleras amplias, proyectadas de modo que los jinetes no tuvieran que desmontar para ascender por ellas, dado que fueron construidas con motivo del desfile triunfal en honor de Carlos V en 1536.

Los Dioscuros, Castor y Polux eran dos personajes de la mitología griega, hermanos de Helena de Troya. Por lo visto, la historia de ambos no está muy clara en la cosmogonía griega, de modo que nunca quedó claro si eran o no inmortales. Igualmente, tampoco se ha establecido firmemente en la mitología si su padre era o no Zeus, pese al nombre de Dioscuros.


Los romanos, tan prácticos e inteligentes en eso de incorporar leyendas, personajes y hechos ajenos a su propia historia, adoraron igualmente a ambos, a quienes llamaron los gemelos (gemini). La leyenda dice que mientras las tropas de Roma luchaban en la batalla del lago Regilio contra los Tarquinos, allá por el año 496 aC., (o 499 aC. según Tito Livio), dos jóvenes fueron vistos luchando en el bando romano.

Aquella misma tarde, los dos mismos jóvenes fueron vistos en el foro romano abrevando sus caballos en la fuente Yuturna, y anunciaron la victoria romana. Inmediatamente la leyenda popular los identifica como los Dioscuros y a su regreso a Roma, el comandante de las tropas decide levantar un templo en el mismo lugar en que fueron vistos, consagrado a Castor y Pollux, inaugurado en el 495 aC. De dicho templo hoy solo quedan tres columnas en pie en el foro.

Templo_Castor_Pollux

El templo de Castor y Pollux, Foro romano

EXIF: Cámara: Nikon D80 · 32mm · f9.0 · 1/200” · 100 ISO · sin Flash ni trípode.


La relación de los romanos con los Dioscuros no termina ahí. Dos estatuas de los Dioscuros fueron parte de la ornamentación de un templo a ellos dedicado en el circo Flaminio, construido en el año 221 aC.  Al sur del Campo de Marte y junto a la isla Tiberina. Hacia el siglo IV es abandonado.

Tras el ascenso del cristianismo, los Dioscuros siguieron siendo venerados. El papa Gelasius I reconoce la presencia de un culto a los “Castores”, como eran conocidos también en Roma, que la gente se negaba a abandonar, allá por el siglo V. Incluso en la decoración de algunas vasijas con motivos religiosos se representaba a los Dioscuros junto a los 12 apóstoles, a Lázaro o a San Pedro. La iglesia tomó una actitud ambivalente, reemplazando en ocasiones ambos personajes por la pareja formada por San Pedro y San Pablo haciendo las funciones de patronos de los viajeros o de los santos Cosme y Damian como sanadores.

Mucho después, en el siglo XVI, el Papa Pablo III encarga a Miguel Angel la remodelación de la Plaza Capitolina. Miguel Angel decide entonces orientar la plaza no ya hacia el foro sino hacia San Pedro del Vaticano, nuevo centro de poder. Como salida principal de la plaza decide construir una escalinata adornada con estatuas. Sin embargo las de los Dioscuros no son las originales proyectadas por Miguel Angel sino que son aquellas dos traídas desde el circo Flaminio.

Allí permanecen desde entonces.

El caso es que siempre me han parecido dos estatuas descomunales, bastas, desproporcionadas, donde los jinetes, los Dioscuros o “Hijos de Zeus” son mucho mayores que sus pobres caballos. También me llama la atención que ambas miran hacia el vaticano, hacia el exterior de la plaza. Y sin embargo me gustan.

La plaza suele estar atestada de gente, y durante aquella calurosa tarde, la última vez que estuve en Roma, traté de fotografiarlos. No recuerdo porqué, pero recordé una foto de Robert Doisneau realizada en el Palacio de Versalles. En ella, la estatua de un hombre, un soldado “mira lascivamente” la figura de una Venus. El punto de toma de la foto, ligeramente desde detrás del soldado, la diagonal de la línea imaginaria de la mirada del hombre, la hacen especial.

Doisneau statues
“Prisonnier barbare et Callipygian Venus” , Versailles 1966, (Robert Doisneau)


Aquella tarde la recordé y se me ocurrió tratar de hacer lo mismo con las estatuas de los Dioscuros, pero mirando a lo lejos, hacia los tejados de Roma. Desde la plaza no podía hacerlo ya que las estatuas estaban demasiado altas. Traté de hacerlo subiendo las escaleras del palacio Senatorial. Desde allí la toma era posible aunque el resultado no era en absoluto como lo había imaginado en mi cabeza. La mirada de las estatuas no describía esa línea que conduce la mirada del espectador, pero aún así, me resultó una toma interesante. Las nubes daban cierta textura al cielo y enseguida la imaginé en blanco y negro. Hice la foto.

Durante el revelado, me percaté de que la toma perdía interés por un error mío. En lugar de encuadrar más cielo, hice una toma más baja que incluía el inicio de las escaleras.  Decidí entonces re-encuadrar y recortar dicha parte, dejando la foto con formato panorámico.

Le tengo cariño a esta foto. Al final terminé encargando un cuadro en gran formato, 120x60cm en Aluminio Dibond. Lo encargué en saal-digital.es y el resultado fue más que satisfactorio.

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