014 - El puente
El puente
Localización : Mechelen (Bélgica), Junio de 2010.
EXIF: Cámara: Nikon D80 · 50mm · f5 · 1/80” · 400 ISO · Sin Flash.

Pese a lo que pueda parecer, esta fotografía fue tomada en un parque público del centro de Mechelen, Bélgica, a unos pocos kilómetros al norte de Bruselas. La mayor parte del parque era muy soleada, con parterres de flores muy al estilo de los parques franceses, pero en el extremo este, discurría un canal y había una arboleda que daba sombra, con un ambiente más parecido al de los parques de estilo inglés. El día era caluroso y andábamos buscando las sombras continuamente. El caso es que encontré este bonito rincón, con el puente bajo el árbol y el agua del canal cuajada de hojas y musgo. La escena parecía sacada de algún cuento de hadas… Me dispuse a sacar la foto.

Hice dos pruebas, una vertical y otra apaisada. En el momento de hacer la segunda toma, me di cuenta de que junto al árbol, había una bolsa tirada, de la que no me había percatado antes. Me levanté, recogí la bolsa e hice la foto. La primera toma, la vertical, no la repetí pues pensé que funcionaría mejor la apaisada.

Fue entonces cuando me acordé de un artículo que había leído en la red a propósito de la legitimidad o la ética de la manipulación de fotografías.

Las fotos originales.
Las dos tomas originales, (archivos RAW transformados a JPG sin otra manipulación).

El artículo de la web “DeCámaras” era una traducción al castellano, (el original lo podéis leer en “The luminous landscapes”), y explicaba el criterio del autor del artículo al respecto. En definitiva, establecía un ejemplo que refleja totalmente mi opinión sobre el tema. En pocas palabras establece que la diferencia entre recoger la bolsa y tomar la foto o sacar la foto y eliminar la bolsa con algún programa de retoque fotográfico es básicamente inexistente, y la legitimidad de hacerlo depende de la intención y el destino de la fotografía. Esto es, si con una foto pretendo dar testimonio y ser fiel a la realidad, el procesado de la foto debe ser nulo, (o casi). Si el objetivo de la toma es “simplemente” artístico, (y con artístico me refiero a estético, a una representación subjetiva de la realidad), entonces el retoque fotográfico es absolutamente lícito.

Por supuesto las cosas no suelen ser absolutamente blancas o negras. Existen infinidad de situaciones donde no estará tan claro, pero en esos casos el fotógrafo deberá decidir con qué ánimo y fin se realiza una foto.

Existe la creencia general de que una foto vale más que mil palabras y que una foto no miente. Nada más lejos que la realidad. Pero no solo puede mentir por el retoque, (que también); una foto puede mentir simplemente por el encuadre, seleccionado de modo que transmita exactamente lo que el fotógrafo quiera, que no tiene porqué tener nada que ver con la realidad. Un ejemplo burdo; una foto de una manifestación puede dar a entender una participación masiva cuando unas simples decenas de personas pueden llenar un encuadre. ¿Qué decir de los retratos de políticos donde una inocente sonrisa acompañado de un titular sobre la crisis económica, (pongamos por caso), puede transmitir una sensación de frivolidad o incompetencia del político de turno? Este tipo de interpretaciones de la realidad también pueden “trucar” una foto sin necesidad de Photoshop. Aquí también debe aplicarse la misma máxima de la que he hablado.

También existe la creencia de que el retoque fotográfico es algo que nos ha llegado con la era digital. Eso es absolutamente falso. Lo único que ha variado es la perfección de las herramientas y la facilidad de la tarea. Existen infinidad de fotografías que han sido retocadas de la misma forma que se hace hoy en día con Photoshop solo que de modo analógico. Recortes, subexposiciones, sobrexposiciones, montajes, pintura sobre el negativo, mezcla de imágenes, clonación de partes de un negativo… todas esas técnicas ya se usaban antes de la era digital en el cuarto oscuro. Photoshop fue creado en 1990 por los hermanos Thomas y John Knoll, quienes tradujeron todas esas técnicas que ya se estaban usando desde hacía décadas al lenguaje digital.

Y cuando digo que ya se estaban usando no me estoy refiriendo a fotografías poco conocidas. Algunas de ellas se han convertido en iconos, (y hablaré próximamente de alguna). Entre las fotografías “con truco” se encuentra por ejemplo un retrato bastante conocido de Abraham Lincoln, nada más y nada menos que de la década de 1860, en el que irónicamente, se utilizó un retrato del político sudista y defensor de la esclavitud John Calhoun, para cambiar su cabeza por la de Lincoln.

Retrato de Abraham Lincoln. Retrato de Abraham Lincoln.

Pero si hablamos de modificación analógica de fotografías, unos auténticos maestros fueron sin duda los soviéticos, fundamentalmente durante la era Stalinista. En efecto Iósif Stalin ordenó reinterpretar los documentos gráficos con gran asiduidad. Existe una gran cantidad de fotografías en las que algún personaje que aparecía en ellas, era “borrado” de las mismas cuando caía en desgracia a ojos del líder soviético. En otras ocasiones lo que se trataba era de ocultar algún detalle que “no era apto para el púbico”. Tal es el caso de la foto de la bandera soviética sobre el Reichstag en la toma de Berlín, obra del fotógrafo ucraniano Yevgeni Khaldei, en la que se borró lo que parece ser un reloj en la mano derecha del soldado que ayuda a sostener la bandera. Aparentemente, dicho soldado lleva dos relojes, uno en cada muñeca, lo cual a juicio de los censores podía llevar a pensar en que se había producido pillaje por parte de las tropas en la toma de Berlín. Esa es la razón por la que también se aclararon las humaredas de fondo. Digo aparentemente porque he leído en alguna parte que cabe la posibilidad de que uno de ellos fuera una brújula.

Bandera sobre el Reichstag. Bandera sobre el Reichstag, Yevgeni Khaldei, 1945.

Podemos encontrar muchos más ejemplos: Mussolini quiso tener un retrato gallardo montando a caballo, para lo cual eliminó a la persona que sujetaba las riendas del caballo. También fotografías ganadoras del premio Pulitzer fueron retocadas. En 1970, John Filo realizó una foto de uno de los muertos en el enfrentamiento entre la Guardia Nacional de Ohio y los estudiantes de la Kent State University durante las protestas por la extensión de la guerra de Vietnam a Camboya. La foto muestra un poste de una valla situada en segundo plano que distrae la atención. Algún editor dio la orden de eliminar dicho poste.

Pero todos los ejemplos de los que he hablado hasta ahora no dejan en muy buen lugar a la manipulación fotográfica. Excepto en el caso de la fotografía de John Filo, que al fin y al cabo tan solo pretende aumentar la “legibilidad” de la imagen, el resto de los casos comentados tratan de engañar al espectador. Pero la manipulación fotográfica no solo incluye el borrado o el montaje de una escena a partir de otras. También es parte de ella el tratamiento de las imágenes en el laboratorio, durante el proceso de revelado, dando preferencia a unas zonas de la imagen sobre otras. En esto, Ansel Adams era un auténtico maestro. Gracias a esas técnicas, imágenes como “Moonrise” o “Winter storm” son como son. ¿Qué diferencia existe entre el retoque en el cuarto oscuro y el retoque en Photoshop?

Moonrise. Moonrise, Hernandez (New Mexico), Ansel Adams, 1941.

Volvamos al principio. ¿Qué intención tuvo Ansel Adams al capturar la escena de la salida de la luna sobre el desierto de México? ¿Nos engaña por el hecho de aclarar u oscurecer una parte u otra de la imagen? En mi opinión no. Por tanto, creo que el retoque fotográfico con cualquier herramienta, (digital o no), no es en sí misma aceptable o rechazable, sino que debe ser valorada en función del fin con el que se realiza.

Es por esto por lo que no entiendo aquellas posturas que claman por una fotografía sin ningún tratamiento posterior, y más inexplicable me resulta cuando se mezcla dicha corriente con la idea de que la imagen digital es el demonio que abrió la puerta al engaño, como si en los tiempos del analógico no existiese la manipulación fotográfica. El mismo Ansel Adams aseguraba que la toma de la foto solo es el primer paso, después vendrá la interpretación, (o no).

Particularmente, casi la totalidad de las fotografías que hago, las proceso antes de darles el visto bueno. Evidentemente el tipo de fotografía que hago es bastante intrascendente y dirigida a mi mismo, familiares y amigos. Pero la idea de fondo es la misma para el resto. Una foto debe ofrecer una “interpretación” de la realidad, y parte de la interpretación se hace en el procesado de la misma. El grado de intervención en la imagen debe venir definido por la intención que queramos transmitir.

Finalmente quiero hacer mías unas palabras que he leído en un artículo sobre la historia de la manipulación fotográfica en la historia. Dice más o menos así:

“Mi esperanza es que un estudio de estas técnicas e ideas a través de la historia del medio pueda demostrar que tanto si una imagen se realiza plenamente en el momento de la captura, o si se realiza una manipulación de la misma para lograr el resultado deseado, la visión artística y el resultado final se encuentra en el corazón de cada imagen. La pereza y la mentalidad de “arreglarlo en el procesado” utilizando las acciones predefinidas no va a elevar una imagen burda a la categoría de obra maestra, pero una juiciosa aplicación de las técnicas de procesado pueden elaborar un tema más a fondo, y ocasionalmente corregir los inconvenientes que se entrometen en el diseño de un artista.”

Como se puede ver, finalmente me decanté por la toma vertical, la que tenía la bolsa. Evidentemente no tuve ningún reparo en eliminar la bolsa en el procesado digital.

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