004 - La gargola

La estirga

Siempre había pensado que eran gárgolas, y ahora descubro que realmente no lo son. Leo en el blog “Letras en desorden”, que son quimeras, y que se diferencian de las gárgolas en que no adornan ningún desagüe, función principal de las gárgolas. Por su parte, las gárgolas son representaciones de seres fantásticos; encuentro en la wikipedia que su nombre proviene del ruido que producían los desagües que solían adornar cuando el agua fluía por su interior, como un borboteo. De hecho, la palabra francesa en último término proviene de la voz griega que significa “gárgaras”. Las quimeras no tienen función “práctica” alguna, simplemente están allí haciendo de guardianas de las torres de la catedral.

Localización : Galería de las quimeras, Notre Dame, París.

EXIF: Cámara: Nikon D80 · 130mm · f6 · 1/200” · 100 ISO · Sin Flash.

Pese a tan poco evocativo nombre, las gárgolas, (y las quimeras), se han convertido en protagonistas de muchos edificios, fundamentalmente religiosos. Y sobre todo se han integrado perfectamente en el imaginario fantástico de cualquier catedral que se precie. Pese a que las gárgolas no siempre son seres fantásticos, sino que en ocasiones son simplemente animales o incluso figuras humanas, son los seres de corte mitológico o incluso demoníaco las que más nos llaman la atención. A mi al menos así me ocurre.

No hay vez que suba a una catedral que no recorra con mi vista las distintas gárgolas, buscando la más aterradora, o la más carismática. Uno de los lugares favoritos para este ejercicio es sin duda la catedral de Notre Dame. Y dentro de la misma, probablemente uno de los mejores lugares es la “Galería de las Quimeras”. Probablemente sean las más conocidas y algunas de ellas se han fotografiado hasta la saciedad. De entre todas ellas, creo que mi favorita es ésta, la estirga, que es así como se llama, precisamente porque tiene un aspecto cómico, y no grotesco o demoníaco, como la mayor parte.

Posee una expresión como la de alguien que está recordando un chiste o una divertida anécdota, y eso es precisamente lo que le confiere ese aspecto tan atractivo para mi.

Esta foto es un recorte de la original, que la tomé en formato apaisado. En aquél momento me pareció lo más apropiado, pero una vez en casa, me dí cuenta de que se hacía más atractiva si la convertía en una toma vertical. De hecho tampoco guarda la proporción, y es más estrecha que una toma vertical.

El día amaneció con esas nubes altas que filtran mucho la luz, perfecta para retratos, pero que en una foto quedan sin detalle, como un fondo de estudio, por lo que le añadí un poco de degradado de exposición por la parte superior para darle algo de vida. Hubiera preferido añadir un poco más de calle por la parte de abajo, pero como ya os he dicho, la toma original era apaisada.

En cualquier caso, estoy bastante satisfecho con el aspecto final de la foto. Es una de las pocas que tuve claro que quería procesar en blanco y negro. Suelo ser muy dubitativo en ese aspecto y termino procesando las fotos en color y en ByN, y aún así, nunca me decido por una u otra. Sin embargo en este caso, lo tuve claro desde el principio.

Cuando la miro, siempre me pregunto lo que estará pensando.

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Un comentario en “La quimera

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