002 - David Sherman - Robert Capa

Capa la tarde del día D. Portsmouth 6 Junio de 1944 (David Sherman)

Si pides a cualquiera que nombre un científico, tres de cada cuatro nombrarán a Einstein. Si preguntas por un pintor cubista, Picasso. Si lo haces por un fotógrafo la respuesta probablemente sea “Capa”. Es curioso que Robert Capa no existiera realmente. Quien se encontraba realmente tras el seudónimo era Endre Ernö Friedmann. El nombre de Capa apareció por primera vez en la primavera de 1936, como creación inventada por Endre Friedmann y Gerda Pohorylle, fotógrafo casi desconocido él y periodista judía alemana exiliada en el París de mediados de los 30. Debido a las estrecheces económicas que atravesaban, y en vista de las dificultades para vender las fotos de Endre a las revistas y periódicos, decidieron inventar un glamuroso personaje, famoso fotógrafo en los EEUU y cuyo nombre forjaron probablemente a partir del apellido del conocido director de cine Frank Capra y el nombre del actor Robert Taylor. Robert Capa sonaba bien.

Gracias a la habilidad de Gerda, que convencía a los redactores de estar haciéndoles un gran favor al ofrecerles las fotos de Capa, crearon un personaje que desbordó a sus inventores, de tal modo que finalmente Endre Friedmann, que ya había transformado su nombre a la forma francesa André, tuvo que convertirse definitivamente en Robert Capa. Gerda hizo lo propio tomando el nombre del artista Japonés Taro Okamoto. Aún así, durante un tiempo, ambos compartieron seudónimo y parece ser que las fotos tomadas por ambos las firmaban indistintamente como Capa, o Capa y Taro. De ahí que la autoría de algunas de las instantáneas de la guerra civil española, incluso la famosa de la muerte del miliciano en Cerro Muriano, quede por parte de algunos en entredicho.

002 - Robert Capa - Barcelona 1936

Cerca de Barcelona, Agosto 1936 (Robert Capa)

Probablemente, y esto es una suposición mía, la guerra civil marcó a Capa de un modo que casi le obligó a vagar de guerra en guerra. Fue durante la guerra civil cuando Gerda Taro muere, en la batalla de Brunete. Tenía previsto reunirse con Capa en París, pero la retirada de las tropas republicanas se cruza en su vida. Gerda decide tomar unas fotos para llevarlas a París pero en el tumulto de la retirada republicana, acosados por la aviación del bando nacional, muere aplastada por un tanque. Da la sensación de que la muerte de Gerda, provoca en Capa una sensación de desarraigo y soledad que le empuja constantemente hacia metas más peligrosas.

002 - Robert Capa - Barcelona Octubre 1936
Cerca de Barcelona, octubre de 1938 (Rober Capa)

De la guerra civil tras un breve paso por China, a la segunda guerra mundial. Allí acompaña a las tropas aliadas en la campaña del norte de África y posteriormente en el asalto de Sicilia y el avance por Italia. Después vendrá el día D. Como corresponsal de guerra acreditado, se le presenta la ocasión de cubrir con las tropas el día de la invasión.

002 - Robert Capa - Maiori cerca de Sorrento


Maiori, península de Sorrento, Italia 1943 (Robert Capa)

002 - Robert Capa - Troina Sicilia


Troina. Un campesino indica a un oficial estadounidense por dónde se fueron los Alemanes, Italia 1943 (Robert Capa)

Pese a que le ofrecen acompañar al mando del 16º Regimiento que irá justo tras la primera oleada, un puesto relativamente seguro que además garantiza no perderse la acción, en un arranque que mezcla valor, irresponsabilidad y desconocimiento, decide acompañar a la primera oleada de desembarco en la playa de Omaha, sector “Easy red”. Sus armas, dos cámaras reflex Contax con lentes de 35mm y película de blanco y negro de 36 exposiciones y una Rolleiflex.

002 - Robert Capa - Dia D


Primera oleada de desembarco de soldados estadounidenses, Playa de Omaha, Normandía, Francia día 6 de junio de 1944 (Robert Capa)

 

La única explicación de esta decisión nos la brinda él mismo: “Si en este punto de la historia mi hijo me interrumpiera para preguntar <<¿cual es la diferencia entre un corresponsal de guerra y cualquier otra persona de uniforme?>>, tendría que responder que el corresponsal de guerra bebe más, liga más, gana más y tiene más libertad que un soldado, pero a esas alturas de la guerra, tener la libertad de elegir dónde estar en cada momento y tener la posibilidad de ser considerado cobarde sin ser ejecutado por ello, constituían para mi una tortura. El corresponsal de guerra tiene en sus manos su mayor apuesta, su vida, y puede elegir el caballo al que apostarla, o puede guardársela en el bolsillo en el último segundo. Yo soy jugador. Decidí acompañar a la compañía E en la primera oleada”.

En su libro “Ligeramente desenfocado” narra los momentos previos, toda la secuencia del desembarco y los instantes después del mismo con una ligereza que asombra. El relato carece de orgullo, relatando sin tapujos el miedo que sintió parapetado tras un obstáculo antitanque; nos cuenta cómo disparaba compulsivamente sus cámaras Contax hasta agotar todos los carretes, cómo mientras intentaba recargar la cámara, sus manos temblaban tanto que terminó subiendo de nuevo a una lancha de desembarco con la intención de, una vez cargada la cámara, volver a la playa. Sin embargo, cuando trató de hacerlo no se vio con fuerzas de regresar al combate. Llama la atención que no busca excusas. No volvió por miedo ¿Quien puede juzgarle?. Es cierto que de este relato sólo conocemos la versión de Capa, y que él nunca dejó que la verdad arruinase una buena historia, pero la lectura del relato no parece que engrandezca su figura. No se nos presenta como un valiente, sino como un hombre normal en un momento de máximo peligro y miedo.

El resultado, 6 horas de combate y un puñado de imágenes malogradas por las prisas en el revelado en los laboratorios de LIFE en Londres. De las 106 fotografías que hizo en la playa, tan solo pudieron salvarse once. En el pie de foto de la edición original, LIFE afirmó que debido al temblor de la mano del fotógrafo, las imágenes tenían un “ligero desenfoque”. En este caso si vemos un rastro de orgullo en Capa, quien irónicamente tituló “Ligeramente desenfocado” su libro de memorias sobre la guerra.

Capa acompañó a los aliados en su avance por Francia. La entrada en París tiene un gran significado para él. La describe de este emotivo modo: “Me parecía que esta entrada en París había sido hecha especialmente para mi. En un tanque construido por los estadounidenses que me habían aceptado, acompañado por los españoles republicanos con quienes había luchado contra el fascismo hacía años, volvía a París, la hermosa ciudad donde aprendí a comer, beber, y amar…”

Tras la guerra, Capa colabora en la creación de la agencia de fotos más famosa, Magnum Photos, junto a auténticos monstruos de la fotografía como Henri Cartier-Bresson, George Rodger o David Seymour, con el principal fin de mantener el control sobre sus fotografías.

002 - Robert Capa - Picasso y su hijo
Picasso y su hijo Claude, agosto de 1948 (Rober Capa)

A finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, Capa lleva una vida relajada, la mayor parte del tiempo en París, aunque ya se ha nacionalizado estadounidense. Mantiene una relación amorosa que dura dos años con Ingrid Bergman, a quien conoce en París. Se relaciona con el mundo de Hollywood, John Huston y Gene Kelly se encuentran entre sus amigos íntimos. Conoce a algunos de los más grandes escritores del siglo XX; A Hemingway le conoce desde la guerra civil, en el 37. Capa le “Adopta como padre” y al escritor le impresionan tanto las fotos de Capa, que basa las descripciones de su novela “Por quién doblan las campanas” en las fotos de la ofensiva republicana en Navacerrada. También conoce a John Steinbeck , con quien incluso realiza un viaje por la Unión Soviética, fruto del cual publican “Un diario ruso”, con textos de Steinbeck y fotos de Capa.

Estando en Japón, recibe el encargo de sustituir al fotógrafo de LIFE Howard Sochurek, que se encontraba cubriendo la guerra de Indochina. Capa acepta el encargo, pues sus finanzas han sufrido algunos reveses. Es mientras acompaña a tropas francesas en un avance, cuando Capa se aparta del convoy mientras la columna se detiene a descansar. Son las 14:50 del martes 25 de mayo de 1954 cuando Robert Capa pisa una mina anti-persona y muere casi en el acto.

Su amigo Steinbeck, Nobel de Literatura dijo: “Capa sabía lo que buscaba y sabía que hacer con ello cuando lo encontraba. Sabía por ejemplo que no se puede fotografiar la guerra porque es, en gran parte, una emoción. Pero fotografió esa emoción metiéndose de pleno en ella. Podía mostrar el horror de un pueblo entero en la cara de un niño. Su cámara captaba y retenía la emoción. Sus fotos no son accidentales. La emoción que contienen no estaba ahí por casualidad. […] Nadie puede sustituirlo. Nadie puede sustituir a ningún gran artista, pero tenemos la suerte de que en sus fotos está su calidad humana”.

Escribió François Maspero con todo sentido en su libro “Gerda Taro, la sombra de una fotógrafa” que “Todo hombre que lea sobre la vida de André, […], sentirá que le invade la nostalgia de no haber sido Robert Capa”.

Hoy se discute si su foto más famosa, la del miliciano caído en Cerro Muriano, en Murcia, fue una foto posada o no, un fraude al fin y al cabo. Pero eso no es más que el circo que se monta alrededor de una foto famosa. No se si Capa se puso de acuerdo con aquel miliciano, Me cuesta creerlo. Pero en realidad, aquella puede que no fuera su mejor foto. Yo me quedo con la de ese otro miliciano atendiendo a no se que discurso, en cuyo rostro se ve la tensión, el drama de la guerra civil. Yo me quedo con la ternura reflejada en la foto de Picasso y su hijo, o esa otra fotografía, casi cómica, de un anciano siciliano dando indicaciones a un soldado estadounidense en Troina. Si la foto del miliciano caído en Cerro Muriano se ha convertido en mito es porque refleja claramente la máxima que Robert Capa: “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente”. Sin embargo, creo que la cercanía a la que se refiere no tiene tanto que ver con la distancia como la capacidad de captar al sujeto de la acción.

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Un comentario en “Robert Capa: El hombre que podía fotografiar el pensamiento

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